He juntado estos dos libros por qué para mi pueden ir de la mano. En ambos se trata el tema de los malos alumnos (cada escritor a su manera), pero con su lectura (en ambos casos) me he planteado los mismos interrogantes.
"Catedráticos en zoquetería". Así deberíamos ser todos los maestros.
¿Puede un docente entender a sus alumnos cuándo éstos no son capaces de entender una determinada lección? Si eres un "catedrático en zoquetería", si.
Con este libro he ido recordando momentos de mi paso por el colegio. Aquellos momentos en los que me sentía (al igual que Pennac) como un "zoquete": el momento de aprender las raíces cuadradas, las ecuaciones de segundo grado, el Ciclo de Kbres... que complicado resultaba todo.
Al recordar esos episodios de mi etapa educativa, venían a mi cabeza las imágenes de los profesores. Primero recordé aquellos que se limitaban a dar su clase y punto, si no lo has entendido, el problema es tuyo; estos fueron los que utilizaban la frase: "Así no vas a ningún sitio". Pero pronto, mi cabeza decidió eliminar esas imágenes, y dejar paso al recuerdo de aquellos profesores que, con sus tizas de colores, me animaban a seguir, me motivan y se preocupaban de verdad por sus alumnos.
¿Cuál es la labor del maestro? En muchas ocasiones, consideramos que nuestra labor es simplemente transmitir una serie de conocimientos, evaluarlos y poner una nota final. ¿Ya? ¿Eso es todo?
Quiero creer, que en un futuro (no muy lejano) todos descubramos que no solo estamos ahí para enseñar las tablas de multiplicar. En muchas ocasiones olvidamos que estamos delante de personas, y que dentro de la labor docente debemos incluir escuchar a nuestros alumnos para poder entenderles, y sobre todo, para poder ayudarles.
Después de la lectura del libro de Álvaro Marchesi, me he planteado algo: ¿Existirá un libro que se titule: "Qué será de nosotros, los malos maestros"?