Comenzaré por la primera experiencia que viví como docente: mis prácticas de Magisterio.
Mi período de prácticas se dividió entre los Campamentos de Refugiados Saharuis y el Colegio Mª Inmaculada de Puertollano. Ambas experiencias fueron positivas, aprendí muchos de los alumnos (y espero que ellos de mí también) y por supuesto de los profesores, pero creo que mis quince días con los profesores saharauis marcaron un antes y un después. Ver ese pasión e ilusión, esa manera de transmitir (no sólo conocimientos, en la vida existen cosas más importantes), de motivar... nunca las podré olvidar. Me sorprendió mucho la alegría de esos profesores.
Hasta ahora, he tenido la suerte (supongo) de no encontrar en mi camino ninguna situación que podamos considerar conflictiva. Los alumnos que he conocido en estos años me han aportado muchas cosas. De todas esas cosas, destaco la alegría ( como diría una "gran" amiga: "La sonrisa es lo más importante, y no hay que perderla nunca") y la ilusión por seguir con esta labor entre manos.
De la misma manera, he conocido a grandes MAESTROS. Con mayúsculas. Para mí han sido un gran ejemplo a seguir. Una de estas personas ha sido Pilar (vecina, jefa y ahora compañera y amiga). Gracias por animarme cuando yo veía lagunas, por ayudarme a ver el camino y por enseñarme.

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